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Historia

La participación del cristianismo en la vida política no es nueva. Desde las luchas de independencia en el siglo XIX se ve a los cristianos participando en asuntos del estado. Un cristiano protestante, el coronel James Fraser, integrante de la Legión Británica que apoyó al ejército libertador, fue el primer ministro de defensa (se llamaba ministerio de guerra), luego de casarse con una sobrina del General Santander. Fraser trajo al primer misionero presbiteriano (Barrington Pratts), quien trajo el modelo democrático de educación y divulgó los principios protestantes del manejo del estado.

 

Esto para citar sólo un ejemplo, ya que el protestantismo influyó de manera notoria en la organización de la clase trabajadora a través de los sindicatos, en la creación de organizaciones comunales, en la formulación de las políticas de ahorro y en la promoción y defensa de los derechos humanos. Todos estos son postulados de La Reforma Protestante, que recordamos ahora cuando estamos conmemorando 500 años del cisma que revolucionó al mundo occidental. Y recientemente, el cristianismo participó de manera fundamental en la Asamblea Constituyente que expidió la Carta Política de 1991, y especialmente en la consagración de la libertad de culto, expresada en el artículo 19 de la Carta, y en sus posteriores desarrollos a través de la ley 133 de 1994 y otras disposiciones legales.